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Salto Mortal

La tarde cae
sin que nadie se ampare de ella.

Ya suenan las trompetas del tercer milenio.

Le brillan a la noche unas luces,
como de estrellas en lo alto
y aquí abajo, cada cual busca su farol.

Era una flaca de huesos aflorándole en la piel,
me miró con sus ojos insondables,
sentí el llamado de la tumba,
pero mis pies emprendieron el salto:
que si caigo, me muero
y si me salvo, me matan.

Sin embargo me queda la sonrisa.